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miércoles, 29 de junio de 2011

POEMAS TÓRRIDOS (IV)



VEINTE GEMIDOS PROVERBIALES



I

Una mano invisible
ahuyenta el viento frígido
que agrieta las sábanas
del placer dormido.

II

Un beso supo a beso.
Un roce supo a roce.
Una caricia supo a caricia.
Un beso que se da con el roce de una caricia
ni es beso, ni es roce, ni es caricia,
es el silbo de un orgasmo a la vista.

III

Las vi sedientas desde la atalaya
catódica de mi salón,
sumergidas sus cabezas en una fuente
tórrida de deseo.
No pude más que soñar convertirme
en agua y saciar
aquella apasionada y loca  sed.

IV

Tuve de rodillas a una reina,
a una sirvienta, a una maestra,
a una joven, a una abuela encantadora.
Las tuve a todas
como si fueran sola una única boca.






V

Humillado
besé la fusta
cimbreada por el dolor.
Ella me arrastraba al tormento.
Ladridos de perro
se oyeron en las alcantarillas
del sexo sojuzgado.

VI

Un hombre satisface a dos mujeres
con dificultad y esmero.
Una mujer satisface a dos hombres
con naturalidad y decoro.
Dos hombres satisfacen a una mujer
con desafuero y alboroto.
Dos mujeres satisfacen a un hombre
con paciencia y cuidado.
¡Dame cualquier oportunidad
y os enseñaré esta gran verdad!.

VII

Mírala a los ojos
cuando sea tuya,
verás las cadenas
de tu lujuria en galeras.

VIII

Brincar de cama en cama
permite no cambiar nunca de sábanas.
Queda tu olor prensado en la almohada
como una fragancia fácil de olvidar.







IX

Rompí el espejo
de mi salvaje conquista
que imaginé
en dos minutos
de furia mano desabrida.

X

Han escrito mi nombre
ellas, con la leche
de mis cuencos.
Sólo dio para iniciales,
ellas dijeron entre risas.
Tan poca cosa
para tanta tinta.

XI

Rosa, azucena,
margarita, jacinta,
    hortensia,
temblad de placer,
el jardinero viene a
podar vuestros pétalos,
succionar vuestro polen,
regar vuestras semillas,
dejaros marchitas
con tanta dicha.

XII

Retumbó mi cuerpo
de tan tremendo estallido
que a ella la ahogué
con metralla de pasión.





XIII

Envidio a los bebés.
Lloran para hartarse de pezones.

XIV

Amé profundamente su ano
que de tanto amarlo
me olvidé de otros juegos
menos delirantes
pero más cotidianos.

XV

Tuve un sueño
y quedé rendido.
Tuve otro sueño
y quedé exhausto.
Al tercer sueño
abrí los ojos,
ya no daba abasto.

XVI

Debajo de la mesa
sentí su pie desnudo
levantar el mástil
del barco varado
en el puerto de mi mujer.
Sólo pude soplar las velas
y embestir a sotavento,
para evitar el oleaje de proa
y el viento receloso de barlovento.

XVII

La conquisté a traición
y quedó tan hechizada
que de polvos viles
he de colmar su imaginación.



XVIII

Ella cabalgó sobre mí
con tanta fuerza
para domar al potro salvaje,
que del establo sólo
salió un obediente palefrén.

XIX

Nací con cinco vibradores
en cada mano,
que la Naturaleza se olvidó
de dotarme suficiente para el sexo
de lo otro más sano.

XX

He querido ser helado,
plátano, guinda y
espárrago.
Alimento para tu boca,
vicio para tu lengua,
juguete para tus labios.

lunes, 27 de junio de 2011

POEMAS TÓRRIDOS (III)



              Sexo
Vicio. Lujuria. Deleite.
Ardor en los genitales, brasa
que derrite la jaula del instinto,
los naipes enseñan sus vergüenzas,
no hay límites, sólo la carne
hambrienta de carne,
penetrada, acariciada, maltratada,
un bebedizo de imágenes lascivas,
de secuencias blasfemas,
cuerpos sudorosos, jadeantes,
corazones que destilan pasiones desbordadas
en la muralla de los pecados,
corazones que escupen al amor que no se consume
cánticos fúnebres para eunucos acobardados.

Palpitan los labios, quemazón en la lengua,
senos que amamantan mordiscos de fiera,
volcán de infinitas estrellas en la boca,
desvarío en las miradas,
las almas no se encuentran,
se poseen, unas a otras,
no hay baile mejor que éste,
es el baile de la vida que no exige nada,
es el baile de la vida que no espera nada,
es el baile de la vida que no esconde nada.

Cabalgan con las bridas sueltas, los estribos rotos,
balanceo voluptuoso de nalgas prietas,
amazonas, jinetes, monturas que anhelan
un trote, un galope, la fusta enrojecida
por la bulliciosa sangre de la tentación.

              Sexo
como la palabra de dios
como el evangelio de los pobres bienaventurados,
como el apetito de los reprimidos desventurados,
como el arte de los hombres libres.


              Sexo
no malgastes su nombre,
saborea, exprime, mastica,
dentelladas orgiásticas en tu cama mortuoria,
no dejes que la Muerte fornique con tu ansia,
desnuda el cuerpo de la venda del pudor,
cubre de heces la trinchera de la moral,
eres un animal encelado por una manada,
no un guerrero de la virtud,
abandona las armas de la hipocresía,
las reglas que sólo mutilan pasiones,
ama con el amor fugaz de la llamarada
con olor a pólvora dura y mojada.

              Sexo.
                      No más.
El suspiro final es el principio de un libido sueño.
                                  Ángeles, dormid.
                                                            Éste, no es vuestro maldito juego.

domingo, 26 de junio de 2011

POEMAS TÓRRIDOS (II)

Lenguas de hembras que fogosas bailan
en una tarima de labios carnosos.
Desnudas. Senos que se hallan, pezones
tiernos se mortifican con sus roces
y él, hundido en la penumbra
de la habitación, jadea nombres
que suenan como libidinosos nombres.

Desnudo. Solo. La mano acaricia
la bravura del alma,
ellas juegan con sus cuerpos tersos,
con la risa tullida por el síncope
placentero,
       de un mordisco, de un beso,
de los dedos que lubrican ya húmedas
cavernas de fuego.

Desnudo. Solo. Un oleaje blanco
rompe contra el acantilado de su carne,
ellas miran, lamen, succionan
el delirio, una a otra,
ni ven el cielo, ni ven el infierno,
sólo el mundo que las separa del orgasmo
que ya brilla en sus ojos
    como la aurora.

Desnudo. Solo. Cierra los ojos.
Sobran las miradas, llega la hora,
ellas gimen: una, con la piel rota,
la otra, con los pechos en flor.
se abrazan, prendidas las palabras
de amor satisfecho
en un rendido sueño.

Desnudo. Solo. Encharca el aire
con nubes de esperanza,
el corazón se cobija en los muslos
temblorosos,
ya no hay palabras,  queda
él, solo, ellas, abrazadas;


todos, en la misma barca.

martes, 21 de junio de 2011

POEMAS TÓRRIDOS (I)

Arco de sangre que invita al desastre,
labios húmedos de palpitantes latidos
besan pétalos abrasivos de libido,
la lengua es pincel juguetón que
colorea con acuarelas de deseos
las paredes tiernas de una mujer en flor.

Fruta madura, de piel excitante,
los dedos hurgan hasta el corazón de la lujuria,
pepitas de oro refulgen en una boca ansiosa
de morder, chupar, besar labios abiertos
por el morboso roce de una nariz calígula.

La lengua se hunde con remolinos de pasión
en la cueva de los deseos dormidos.
Despiertan apasionados, irrumpen con algarabía,
al existir del mundo, el manjar de los cielos,
se escuchan gemidos cortos, vibrantes,
el alarido de la fiera satisfecha.

El volcán se estremece de la lava ardiente
que fluye, torrente, por el cauce del sexo,
lo nota en el paladar, en los labios, en los dientes,
río apasionado en la desembocadura de la boca,
una mar inquieta abre su nido, su tesoro
en ese río que no quema pero embravece.

Deja la lengua quieta.
    Es el momento de deleite.

sábado, 18 de junio de 2011

NADIE LES PIDIÓ QUE VINIERAN

Se marchó cantando una canción
(Nino Bravo)

Las sirenas de la noche ululan con la sangrante mirada de lechuzas torvas.
Madrid (el escenario da igual)
La ciudad cierra las puertas a cuentos de hadas y princesas enamoradas.
Duermen todos, plácido sueño.
Madrigueras de gotelex y paisajes baratos, con los interruptores resecos.
En la calle, esquinas hambrientas.
Mujer presa de sueño agoniza entre las dentaduras metálicas del metro.
Inmunda compañía. Un negro
se confunde en un cielo desnudo de estrellas, tan blancas y puras ellas.
Vieja gata borracha en el callejón.
Una pareja de harapos copula en silencio para no despertar a sus miedos.
Madrid (el escenario da igual)
Tú y yo discutimos de aquellos que llegaron con una canción y una postal
de miel y almíbar.
No se les pregunta por su viaje infernal, si no hasta cuándo estarán aquí.
Nadie les pidió que vinieran.
Cada persona tiene su tierra, cada alma, su raíz; cada paladar, su fruto.
Ellos trajeron una canción rota.
Molicie en rostros esculpidos por la cómoda rutina del nuevo proletariado.
Escupitajos en las aceras.
Un duro para cada uno de ellos, los ingenuos se quedaron sin canción.
Míralos, con sus ojos tristes,
pero no te dejes engañar, si lo haces, te dará hasta pereza echarlos.
Madrid (el escenario da igual)
Libres eligieron el camino equivocado, dijimos entre calientes migas de pan.
Risas en la tertulia de bar.
Alguien contó un chiste de negros, otro, de gitanos; un tercero, de chinos,
y también hubo para los maricas.
Nos fuimos en camada, con las migas para los gorriones de nuestra ciudad,
lejos de cualquier canción.
Nos fuimos, con la vil sonrisa del necio, lejos, muy lejos de cualquier cosa.

jueves, 16 de junio de 2011

LO DIJE, AUNQUE NADIE ME CREA

Dije libertad,
           lo dije,
cierto,
lo dije
desde el tranquilo desván de mi mansión,
con las palabras resguardadas
por un cielo cubierto de tejas.

Qué más quieren estas almas
pedigüeñas.

Dije libertad
al aire preso de la  habitación,
pero ya eran palabras fugitivas
en mi corazón,
huyeron desde las oquedades
de ventanas y puertas.
Llevan mi canción
a sus vagabundos aposentos.

            Lo dije
que la historia no mienta, ni niegue
mi amor
al prójimo desnudo de vanidad.

Libertad,
cierto que lo dije,
tan cierto como una despensa abarrotada
de viandas sin destino,
abocadas a pudrirse en la alacena
mientras otros lloran su ausencia.

Dije libertad
y me quité la miseria del rostro
frente al espejo de la letrina,
una luna herida de varicela
quedó reflejada en el cristal,
no era ese mi rostro,
    embrujado
quedé de aquellos que no escuchan
mi voz solidaria,
atiplada,
quizás,
pero sincera.




Libertad dije
desde el desván tranquilo de mi mansión
       y
si un día lográis derribar la verja
   y
llamar a mi puerta
     y
derribarla con los puños enfurecidos
recordad antes
de ultrajar
el umbral de mi casa
que
dije libertad,
puede que con la boca pequeña,
pero lo dije,
      maldita sea.



miércoles, 15 de junio de 2011

Un mendigo en el metro


De rodillas un hombre
De rodillas el mundo
estaño y cobre
entre el tumulto

       SOID

Las ovejas tienen patas
para no andar de pié
mierda humana
con sabor a miel


       








  



ARUC

Muda música en el tren
suplican los cadáveres
mendigo ven
llanto de mares

         ASIM

Callan todos esta tarde
Callan ayer como mañana
homilía cobarde
ojos de araña

        ZURC

Los vagones vacíos
letrina de alientos
yema y rocío
traen los vientos